
texte · Riri · 2 min de lecture
Esta vez acepté hacer el papel de la mala.
Mi corazón no está bien...
Mi corazón no está bien. Es la primera vez que no sé qué hacer con respecto al amor. Supongo que eso significa que estoy creciendo, porque, por primera vez, siento que debo tener en cuenta muchos factores antes de tomar una decisión. Y es agotador. De verdad.
Estoy al borde de las lágrimas. Siento ganas de crear un mundo espacio-temporal donde estuviera completamente sola. Solo para poder respirar, estar conmigo misma y tomar decisiones sin tener que cargar con el peso de sus consecuencias.
Ya ni siquiera se trata de buscar el amor. Lo único que deseo es tranquilidad. Paz.
Quiero ser libre sin tener que disculparme por ello. Quiero poder decirlo al mundo. Y, sin embargo, existen esas "cadenas". Me siento atada de pies y manos.
Si tomo esa decisión, la que tanto temo pero que sé que necesito tomar, habrá daños. Muchos daños. Y no soporto la idea de ser la causa de esa explosión. Es un peso demasiado grande para llevarlo sobre mis hombros. Lo único que me detiene es el miedo al daño que podría causar. O quizá al daño que ya estoy causando.
La indiferencia a la que me he entregado últimamente ha vuelto el aire irrespirable. Y, aun así, sigo adelante.
¿En qué me estoy convirtiendo? ¿A qué juego estoy jugando?
Y termino preguntándome por qué dije "sí" tantas veces, por qué tomé todas esas decisiones que hoy vuelven para perseguirme. Una larga cadena de "síes". ¿Para complacer a quién? A todos... menos a mí.
«Si subes al tren equivocado, bájate en la estación más cercana. Cuanto más esperes, más costoso será el viaje de regreso.»